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Pedro Toledo
Lunes, 23 de diciembre de 2013

Reflexiones sobre el Emprendedor de Responsabilidad Limitada

Tocan tiempos complicados y difíciles. Tiempos, en los que muchas empresas que otrora eran una referencia para nosotros, se desmoronan ante nuestros ojos. Así vemos casos como Pescanova, Fagor, Panrico y nos quedamos obnubilados, pues no dejamos de estar presos de un Efecto Paradigma.

[Img #2549][Img #2548]Pero tal y como caen unos mitos, unas costumbres, unas creencias, surgen otros nuevos. Mitos, costumbres y creencias, asociadas a sus propios paradigmas y por tanto con sus propias Parálisis Paradigmáticas.


Uno de ellos es el del Emprendedor. En este caso, el Efecto Paradigma del Emprendedor, nos lleva a pensar que cualquiera puede emprender. Que cualquiera, con esfuerzo y tesón, puede montar su empresa y con ello salir del fango del desempleo.

Y preso de ese paradigma, el legislador, proclive como nunca a la motorización legislativa, se afana en la publicación de una norma, con la que pretende facilitar la aparición de esa figura casi mesiánica del Emprendedor.

En este caso, como en tantos y tantos otros, esperaremos expectantes, el oportuno Reglamento. Nunca debemos olvidar, que es ahí donde de verdad se desarrolla la Ley. Aunque en ocasiones, cuando quiere llegar a nosotros, la Ley ha cambiado tres o cuatro veces.

Me gustaría en concreto, fijarme en la figura del Emprendedor de Responsabilidad Limitada. Tipo de Emprendedor que viene desarrollado en el Capítulo II de la Ley de Apoyo al Emprendedor, Ley 14/2013.

En una especie de triple salto mortal hacia adelante y en solo cinco artículos, se intenta, que la gente emprenda, que lo haga casi sin dinero, que no ponga en juego su patrimonio y que la cosa salga bien, como dicen en mi pueblo “¡Ahí es nada limonada¡”.

Por entrar en materia, he de indicar que cualquiera que empiece o tenga empezada ya su actividad como persona física, puede convertirse en un Emprendedor de Responsabilidad Limitada. Sin limitación alguna con respecto al tiempo que hace que comenzó dicha actividad.

Teniendo para ello, que dejar constancia en el Registro Mercantil de su domicilio y en el Registro de la Propiedad correspondiente a su vivienda habitual. Trámites estos, que tienen unos aranceles registrales totales de 64 euros.

De momento parece que no es muy costoso el asunto. Y más si vemos que permite a quien lo realice, el poner a salvo su vivienda habitual de las deudas que ocasione su actividad profesional o empresarial, siempre y cuando el valor de la misma no supere los 300.000 euros en poblaciones de menos de 1.000.000 de habitantes o de 450.000 euros en las que lo superen.

Como no podía ser de otra forma, queda fuera de esta limitación de responsabilidad, aquellos que hubieren “actuado con fraude o negligencia grave en el cumplimiento de sus obligaciones con terceros, siempre que así constare acreditado por sentencia firme o en concurso declarado culpable”. Así como las deudas contraídas antes de la Inscripción.

Pero, ¿qué obligaciones contrae el ya mencionado E.R.L.? Deberá indicar en todos y cada uno de sus documentos que es un Emprendedor de Responsabilidad Limitada. Todo ello, con el fin de salvaguardar dicha responsabilidad y de informar a terceros de tal circunstancia. Circunstancia, que también podrá comprobarse en el portal público de libre acceso y sin coste alguno, que el Colegio de Registradores habilitará a tal efecto.

Así mismo, el E.R.L. estará obligado a formular cuentas anuales y a depositarlas en el Registro Mercantil, puesto que en caso contrario y una vez hayan pasado siete meses desde el cierre del ejercicio social, dejará de tener limitada su responsabilidad.

Con lo que observamos, que estamos ante una figura, cuanto menos curiosa. Por lo que una persona física, que tenga una actividad bien empresarial o bien profesional y deseé optar por esta figura, deberá de sopesar mucho los pros y los contras.

Por un lado, tiene un coste de 64 euros el trámite de “inscribirse como E.R.L.”. Una vez inscrito, que tiene limitada única y exclusivamente la responsabilidad de su vivienda habitual, no del resto de bienes si los hubiere.

Habrá de observarse también, los problemas de acceso a la financiación, bien por medio de proveedores, bien financiación bancaria, que tendrán los E.R.L. al tener su responsabilidad limitada y encima anunciada previamente. Una especie de “ten cuidado si no te pago, que te estoy avisando”..

Además de todo esto, estarán obligados a formular y depositar cuentas anuales. Con lo que tendrán el gasto del arancel del depósito de dichas cuentas, con el añadido del propio gasto de llevar la contabilidad de manera que dicha formulación de cuentas sea posible.

Con la excepción en este caso, indicada en el artículo 11.4 de aquellos que tributen por estimación objetiva por módulos, que dispondrán “de un modelo estandarizado de doble propósito, fiscal y mercantil, en los términos que se desarrollen reglamentariamente” a tal efecto.

Por concluir, como decía al principio, se ha tratado de rizar el rizo, con lo que se ha creado una figura híbrida entre un autónomo y una sociedad limitada. Figura que, dadas sus limitaciones y no me refiero solo al nombre, mucho me temo, que pasará desapercibida para la mayor parte de la población empresarial.

Pedro Toledo es abogado, Director Gerente de Asesoría Toledo y miembro de iusTime.
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