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Nani Mourentán
Viernes, 21 de febrero de 2014

Las medidas que vienen

Estos días nos estamos desayunando con dos noticias que, de llevarse a cabo, son preocupantes, cuando no estremecedoras para una parte de los ciudadanos, sobre todo para aquellos que, de una forma u otra y en mayor o menor dimensión ejercen alguna actividad o profesión: "Los inspectores piden un fondo para confidentes" y "Montoro pagará sueldo variable por objetivos a toda la Agencia Tributaria".

[Img #2574][Img #2575]Pagar a confidentes
 
Eso nos trae a la memoria ciertas prácticas habituales en las películas policíacas americanas……Pero, somos conscientes de las consecuencias que  semejantes usos, por más que sean habituales en otros países, pueden ocasionar en esta nuestra España?
 
Nunca me he cuestionado seriamente si en realidad los españoles, como siempre se ha dicho, estamos aquejados del mal nacional de “la envidia”. Si así fuese, la medida que se pide instaurar, de pagar a confidentes que delaten a posibles defraudadores, les podría venir  a aquellos que la padecen, como agua de mayo, ya que no solo podrían infligir una “merecido castigo” al objeto de su envidia, si no que, sin perjuicio de que su acto le sea recriminado en otra vida, al menos en la tierra le será debidamente remunerado por la AEAT.
 
Si a lo anterior añadimos la realidad de los turbulentos tiempos que estamos viviendo, en los que un buen número de las empresas se ha visto obligada a despedir a parte, cuando no a todos, sus trabajadores, y  los impagos y la morosidad es una realidad impuesta por la actual  precariedad económica, pero que  en no pocos casos es un habito adquirido por ciertas empresas y ciudadanos  con anterioridad a la actual situación y que ahora encuentra acogida dentro del paraguas de la comprensión y la solidaridad que necesariamente se abre para los que sí están necesitados….nos podríamos encontrar que la descrita realidad podría generar ánimos e intenciones de venganza y de restitución del mal causado en aquellas personas que de forma más o menos injusta se ven afectados y perjudicados por las medidas o consecuencias que se deriven de las decisiones o situaciones de sus patronos o deudores….y que ahora, abrumados por su trágica situación podrían convertirse en Confidentes de la Hacienda Publica.
 
La pregunta inevitable……¿El fin justifica los medios? ¿Compensa el incremento de la recaudación servirse de ciertos instintos que ahora más que nunca podrían mover y dirigir actos de venganza hacia ciertos blancos o puntos de fraude que no necesariamente serían los más significativos, aunque sí los más débiles?
Yo no tengo respuesta, pero mi intuición, femenina por cierto, me dice que esta medida ahora mismo sería, cuando menos, poco aconsejable y podría tener el efecto de gotas de gasolina que llueven sobre la hoguera de la difícil situación socioeconómica que estamos padeciendo.
 
Pagar sueldos por objetivos 
 
No es nada nuevo que parte del salario de los inspectores de Hacienda estaba compuesto por incentivos, pero hasta el momento nadie, cuando comparecíamos ante la Inspección, teníamos la sensación de que parte de la cuota que, después de muchos ir y venir, teníamos que desembolsar, iba a parar a la nómina del Actuante.
 
De todos es conocido que antes de llegar a la firma de Actas de Inspección, con conformidad o sin ella, hay detrás largas sesiones de discusiones (en el mejor sentido) y negociaciones entre las partes, donde cada uno intenta hacer valer aquello que más le conviene y “arrimar el ascua a su sardina”. Lógicamente, lo que más conviene al contribuyente es reducir lo más posible la factura tributaria y lo que más conviene al Inspector es recaudar todo lo que la aplicación de la Ley le permita.
 
Así estaban las cosas y así se vivían, pero como las viviremos a partir de ahora, de aprobarse la medida anunciada, cuando ambas partes sepamos que hay un interés económico,  personal y directo, en la cuantificación de la deuda,  no solo por parte del contribuyente si no también por parte del Inspector Actuante?
 
Tampoco para esta pregunta tengo respuesta y, en este caso, prefiero no echar mano de mi intuición.
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