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Lunes, 15 de junio de 2015

Lecciones de los grandes empresarios a los emprendedores.

Coraje, motivación y mucho esfuerzo. Estos son sólo tres de los ingredientes que empresarios como Francisco Cosentino, Juan Antonio Sagardoy y María Teresa Rodríguez aseguran que hacen falta en la receta del emprendimiento. El cortoplacismo, las prisas y la mala organización pueden llegar a ser más dañinos que la falta de financiación que, en definitiva, puede suplirse con altas dosis de creatividad.

Eugenio Galdón, Carlos Moro o Juan Antonio Sagardoy no han llegado donde están gracias al azar o la suerte. Las suyas, como las de tantos otros, son historias de esfuerzo y superación, de ganas por comerse el mundo con una idea de negocio revolucionaria.

Quizá estos líderes hechos a sí mismos cuentan con un ADN especial. Un genoma que un grupo de empresarios, liderados por el Consejo Internacional de Empresarios y Emprendedores (Entreps), quiere decodificar para hallar los elementos de éxito y fracaso entre los innovadores europeos, estadounidenses e israelíes. Sólo en Europa, prevén estudiar el ADN de 10.000 emprendedores.

Ser emprendedor no se reduce a tener una idea original; hace falta compromiso y fuerza ante las adversidades
Mientras buscan la respuesta y diseñan la herramienta idónea para estudiar el código genético de figuras como Mark Zuckerberg, nombres de relevancia en el universo corporativo español aportan sus recomendaciones a aquellos que empiezan en esta batalla por el éxito empresarial. Carlos Moro, María Teresa Rodríguez, Juan Antonio Sagardoy, Eugenio Galdón, Amuda Goueli, Isidoro Alanís, Jesús Encinar y Francisco Cosentino, cada uno de ellos dentro de un sector de actividad diferente, y con unos orígenes muy distintos, nos hablan hoy en retrospectiva.

"Fórmate bien y rodéate de los mejores"

 

Carlos Moro se considera, ante todo, emprendedor. Aun al frente de una compañía consolidada que da empleo a más de 155 personas y factura unos 20 millones de euros, mantiene ese entusiasmo por seguir innovando. Lo cierto es que Matarromera no es un grupo vinícola al uso. Tras desarrollar el primer vino sin alcohol y lanzar una línea de cosméticos enriquecidos con polifenoles de uva, prepara ahora su ofensiva en el sector de los complementos alimenticios.

Hijo y nieto de agricultores y pequeños bodegueros, Moro fundó Matarromera en el año 1988 con una concepción diferente, ya entonces muy apoyada en las nuevas tecnologías. Había centrado su formación en temas relacionados con los sistemas de información y la I+D. "Creo que la experiencia profesional previa, pero sobre todo la formación que había tenido la suerte de recibir, han influido en gran medida en la evolución de la compañía", asegura.

"Mi padre siempre quiso que fuera funcionario. Llegué a trabajar en el Ministerio de Agricultura, pero allí también fui muy emprendedor. ¡La que armé!", bromea.

En realidad, Matarromera no es la primera compañía que ha fundado Carlos Moro. En la década de 1970 fundó una firma de ingeniería alimentaria, y posteriormente una empresa de informática. "La inquietud estaba ahí", confiesa.

Moro cuenta que los inicios de la empresa no fueron fáciles, y que percibió ayuda de su familia. "A partir de ahí, me enfoqué en hacer el mejor vino del mundo y la mejor empresa del mundo. Todo emprendedor debe tener ambición, y perseverancia. La excelencia no se improvisa", sostiene.

Ambición, perseverancia, algo de sentido común, y por supuesto la humildad suficiente para reconocer las propias limitaciones. "Me he sabido rodear de la mejor inteligencia y conocimiento, de gente especializada en distintas áreas que aportaba gran valor, cada uno en su ámbito", asegura.

"Un emprendedor necesita, en primer lugar, ganas y determinación. Y a continuación, una buena base de formación y conocimiento. Hoy tenemos la suerte de que es posible acceder a la información de forma más rápida y completa", recapitula, haciendo una clara referencia a Internet y las nuevas tecnologías. "Y si cursas un posgrado en una escuela de negocios reconocida, mejor que mejor", continúa.

Se trata, como apunta este emprendedor convertido en intraemprendedor, de "estar muy al día de lo que pasa en el mercado, de las tendencias, de lo que hacen las demás empresas, de las innovaciones que se producen en otros países...".

"Busca un nicho de mercado y amplía tu negocio desde ahí"

 

María Teresa Rodríguez se puso al frente de Gullón de forma inesperada. Tomó el relevo tras fallecer su marido, pero durante años había seguido junto a él la evolución de la que hoy constituye la única empresa galletera familiar que se mantiene en el sector. "No cabe duda de que las actuales condiciones, tanto de la economía como del sector, harían difícil poner en marcha un proyecto de la envergadura de Gullón. Trabajamos en un sector muy saturado y esto supone una barrera de entrada", reconoce Rodríguez. 

Aun así, anima a los jóvenes con espíritu emprendedor a dar el paso. Para ello, les aconseja que busquen nuevos nichos de mercado en los que tratar de adentrarse, como fórmula para hacerse sitio en un sector muy competitivo. "Pese a la saturación de nuestro sector, siempre hay cabida para nuevas ideas y proyectos, pero hay que saber buscar la diferenciación. Nosotros logramos afianzarnos en el mercado galletero cuando en los años 80 apostamos por la galleta saludable. Aquello nos ayudó a ganar en tamaño y potencial y nos salvó de caer en manos de las multinacionales", sostiene.

"No necesitas más aval que el entusiasmo y el conocimiento del sector"

 

El despacho Sagardoy Abogados nació en el año 1980 "sin más aval que el entusiasmo y el conocimiento de la materia". A día de hoy, estos siguen siendo dos de los grandes requisitos para tener éxito en una aventura empresarial, en opinión de Juan Antonio Sagardoy, fundador del despacho al que da nombre y padre del Estatuto de los Trabajadores.

"Si no existe entusiasmo es muy difícil que las cosas salgan adelante. Luego, por supuesto hay que saber lo que se está haciendo. En el caso de un bufete, se ha de conocer la ley, y si hablamos de una empresa, deberás saber las particularidades del sector, lo que hace la competencia, etcétera", indica.

Pero no sólo eso. Para Sagardoy, igualmente relevante es "saberse rodear de personas que reúnan las condiciones personales adecuadas. Si no poseen ciertos valores, antes o después repercutirá negativamente sobre su profesionalidad", afirma. Y, por último, recomienda "trabajar mucho, pero con descanso. No es bueno sacrificar en exceso la vida personal".

Sagardoy hace un llamamiento a la Administración, a la que dirige una petición ya reiterada en multitud de otros foros y entornos: "La excesiva burocracia constituye un gran obstáculo para los emprendedores. Si nos fijamos en estudios elaborados por la agencia estatal AEVAL o la OCDE, vemos cómo en España cuesta el doble de tiempo y dinero poner en marcha una empresa que la media de la Unión Europea. La excesiva y farragosa normativa para emprender es una gran barrera", insiste.

"Si tienes talento y una buena idea, el dinero ya llegará"

 

Empezó trabajando en consultoría, después en la Administración Pública, donde llegó a ser jefe de Gabinete de Gobierno. Posteriormente ocupó puestos de relevancia en varios grupos de medios de comunicación y, ya pasados los 40 años, fundó una compañía llamada Multitel (aún activa), de la que nació poco después ONO. "Tenía un sueño: cablear toda España. No existía un marco legal propicio por aquel entonces, y tampoco tenía el dinero para hacerlo por mí mismo, pero eso no me frenó. Conseguí convencer a unos cuantos pesos pesados (Iberdrola, Endesa, Ferrovial y otros) de que era posible, y lo sacamos adelante", asegura.

"Si la idea es buena, y por supuesto si tienes ciertas habilidades, el dinero ya llegará. Lo crucial es poseer las armas para salir adelante cuando aparezcan los problemas, y creedme, aparecerán", indica Galdón.

El fundador de ONO recuerda que la vida es imprevisible y que a lo largo de la historia de una empresa pueden surgir múltiples imprevistos. "El gestor -emprendedor- debe ser capaz de mantener la mente fría y planificar el rumbo de la compañía a pesar de la incertidumbre", afirma.

"Hay que pensar a largo plazo. Yo ya sé dónde estaré en 2020"

 

Amuda Goueli nunca pensó que dedicaría su vida al sector turístico. Siempre huyó de aquella idea cuando, de joven, sus amigos le animaban a convertirse en guía. Sus sueños y sus metas estaban lejos de Nubia, en Assuan, un pequeño pueblo entre Egipto y Sudán que vive principalmente de la agricultura. Pero las carambolas de la vida a veces provocan estas interesantes paradojas y Goueli es uno de los fundadores de Destinia, la primera agencia de viajes online española especializada en la reserva de hoteles que, de nuevo otra broma del destino, es obra de un egipcio y un australiano.

De niño, su mundo se reducía a cinco kilómetros y ahora no tiene límites. Tesón, confianza, motivación y mucha imaginación fueron los ingredientes esenciales para conseguir la receta del éxito. "Y pensar a largo plazo. Yo siempre sé dónde estaré en cinco años, y también cuál es el objetivo de Destinia". Y eso que Goueli nunca pensó que esa guía de hoteles en Internet que él y Ian Webber hicieron en 1999 les catapultara hasta donde están ahora.

Se queja del cortoplacismo que padecen los emprendedores actuales. Cree que la impaciencia no es buena consejera, menos aún para los negocios, y considera esencial estar muy bien informado de todo lo que pueda influir en el sector en el que construyas la empresa. Está convencido de que cualquier proyecto que sirva para cubrir una necesidad en el mercado encontrará la financiación y la clientela que necesita.

Asegura que no se debería tener miedo a las crisis. Él no lo tiene, menos aún cuando ha comprobado que en estas épocas su creatividad se ha puesto en marcha para mejorar su empresa, como cuando superó el crack de las puntocom con una idea revolucionaria: las reservas hoteleras a través de Internet.

Goueli es un David que no ha matado a Goliat, se ha aprovechado al máximo de él para triunfar con un proyecto empresarial. Cuando las grandes multinacionales aterrizaron en el universo online para hacerle la competencia a Destinia, él y su socio elaboraron "una estrategia de supervivencia" y no contaron con ningún inversor privado, tan sólo con su imaginación: levantaron capital comprando y vendiendo dominios. "El éxito nunca es un derecho adquirido, debes trabajar todos los días como al principio, con la misma ilusión y renovándose siempre". Sabe que todos tenemos sueños, pero "si no hay acción todo se quedará en deseos y nunca avanzarás". Goueli recuerda que en esta aventura es muy fácil fracasar, pero le da la importancia justa y asegura que de los errores se saca mucho más:experiencia y bagaje.

"En un proyecto lo más importante es el equipo que hay detrás de la idea"

 

Jesús Encinar, CEO y fundador de Idealista.com, se arriesgó y ganó. Tomó la decisión de montar su empresa durante un vuelo entre Varsovia y Madrid y, cuando aterrizó, comenzó a buscar el equipo con el que revolucionaría la manera de alquilar y/o comprar piso en España. Su hermano Fernando Encinar y César Oteiza, un compañero de ICADE, no dudaron en aceptar el reto.

El capital inicial de Idealista fueron los ahorros del equipo fundador a los que sumaron, en los siguientes meses, aportaciones de familiares y amigos que confiaron en su proyecto. "En total juntamos 600.000 euros", confiesa Encinar.

El fundador de Idealista sabe que no hay recetas mágicas que garanticen el éxito de una empresa, "de todas maneras, los emprendedores que han logrado el éxito en sus proyectos comparten algunas características: se dedicaron al 100% a su idea desde el principio, supieron rebajar su nivel de gastos al mínimo y fueron capaces de enamorar a un equipo de gente con talento". Encinar lo tiene claro: "en un proyecto lo más importante no es la idea sino el equipo que hay detrás", por eso aconseja rodearse de los mejores.

Y, una vez tengas tu empresa en marcha Encinar recomienda "no bajar nunca la guardia, mantener la innovación y el respeto a los clientes y evolucionar constantemente".

"Creo que una de las cosas que más cuestan a quienes se lanzan a emprender es ajustar su nivel de vida, reducir sus gastos al mínimo y ser capaces de apretarse el cinturón hasta límites insospechados. Por eso, para aquellos que lo logran y son capaces de volver a tener una nómina de mercado, la satisfacción por el sacrificio realizado es máxima".

"Siempre aprenderás más de los fracasos que de los éxitos"

 

Francisco Cosentino y sus hermanos cogieron el testigo de su padre y convirtieron una modesta compañía familiar de extracción y elaboración de mármol en una multinacional de las encimeras.

Antes de meterse de lleno a la empresa, Cosentino trabajaba como maestro en Barcelona, lo que le reportó lo necesario que es la educación y la formación. Confiesa que han estado a punto de arruinarse en alguna que otra ocasión debido a inversiones que no cosecharon el éxito esperado, "pero esos fracasos nos sirvieron para seguir investigando y así llegó Silestone, marca que este año celebra su 25 aniversario, y que hoy representa casi el 80% de la facturación del grupo", explica.

Cosentino puede decir con propiedad que ha vivido en primera persona alguna de las máximas que ahora comparte con los jóvenes: "La confianza que uno se trabaja es el tesoro más grande que se puede conseguir, y que del fracaso siempre se aprende más que del éxito". Considera esencial buscar las personas más adecuadas para ayudar en el proyecto; la formación, del que es un firme defensor; los idiomas y "no rendirse jamás. Intentarlo una y otra vez siempre que sea posible".

El presidente de Grupo Cosentino también cree que ahora, "las personas que dispongan del gen emprendedor cuentan con mayores y mejores resortes para lanzarse a una aventura empresarial". Eso sí, para tener éxito se debe plantear "un modelo de negocio basado en la innovación que ofrezca productos diferenciales, que persiga conquistar otros mercados y expandirse fuera de su entorno, y que además permita crecer y desarrollar a tu sector en general", aconseja Cosentino.

"Aprende inglés, y después todo lo demás"

 

Tras finalizar sus estudios universitarios, Isidoro Alanís se puso al frente de la recién creada oficina de cambio de un centro comercial propiedad de su padre en Fuentes de Oñoro (Salamanca), una pequeña localidad muy cerca de la frontera con Portugal. Más que un emprendedor, Alanís fue por lo tanto un intraemprendedor, pero disfrutó desde el primer día de plena autonomía. Más de dos décadas después, esa pequeña oficina se ha convertido en Global Exchange, un gigante de 1.350 empleados, presente en los aeropuertos de más 15 países.

"¿Un consejo para los jóvenes? Que estudien inglés, y a ser posible algún otro idioma; todo lo demás es secundario. Ya seas empleado por cuenta propia o ajena, saber idiomas es lo que te abrirá más puertas. Yo estudié el COU en Pensilvania (Estados Unidos), probablemente a decenas de kilómetros de otro español. Fui allí porque tenía claro que para cumplir mi sueño de ser empresario necesitaba el inglés. Unos años después, pasé un tiempo en Bruselas para aprender francés, pero no lo conseguí", relata.

Alanís opina que todo emprendedor necesita, en primer lugar, ilusión y la convicción de que lo puede lograr. "Si no la tiene, que ni lo intente". Necesitará además "constancia, compromiso y mucha capacidad de esfuerzo. Y si no lo consigue, no pasa nada; del fracaso también se aprende". El presidente de este gigante de oficinas de cambio, que vive ahora un momento dorado, recuerda que no siempre fue así: "Hemos estado al borde de la quiebra en varias ocasiones. Creo que lo único que nos salvó de echar el cierre fue soñar con que podíamos superar las dificultades".

Alanís anima a los jóvenes a no dejarse llevar por "excusas" como la crisis económica. "Si esperas al mejor momento para empezar, puede que no des el paso nunca", concluye.

Expansión.

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