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Lunes, 31 de agosto de 2015

Charlar con los compañeros mejora la productividad.

Hay pequeños actos capaces de generar grandes resultados. Tras un concienzudo ejercicio de introspección, una gran compañía farmacéutica estadounidense llegó a la conclusión de que la caída en las ventas que estaba sufriendo se debía a la falta de comunicación entre los departamentos de marketing y ventas. Para revertir la situación, a alguien se le ocurrió reducir el número de máquinas de café: pasaron de tener una por cada seis trabajadores a una por cada 150. Los empleados se vieron así obligados a moverse por la oficina, lo que a su vez les dio la oportunidad de conversar e intercambiar contactos e ideas con compañeros a los que antes no conocían. Pocos meses después la facturación subió un 20%.

Menos baños y máquinas de café

La imaginación juega un papel clave a la hora de fomentar encuentros. Robert-Ribes cuenta que una empresa estadounidense llegó a la conclusión que los departamentos de producto y ventas, situados en dos plantas distintas, no interactuaban lo suficiente. Revirtieron la situación con una medida tan sencilla como efectiva: a una de las plantas le quitaron la máquina de café y a la otra el baño, de forma que tanto unos como otros debían transitar por terreno ajeno constantemente. Funcionó.

Gestionar bien los momentos de descanso es clave. A una compañía de software, cuenta, se le ocurrió cambiar las mesas de la cantina, que eran para cuatro personas, por otras de 12. El resultado fue tan bueno que muchas la han imitado.

“Está demostrado que el hecho de que los trabajadores de distintas áreas tengan relaciones de confianza entre sí mejora el rendimiento de la empresa”, asegura Jordi Robert-Ribes, fundador de la consultora Connecting Perspectives y autor del libro Connecting Forward. Para aprovechar todo el potencial del personal no basta con crear equipos multidisciplinares y bien avenidos (team buiding): también hace falta tender puentes sobre esos equipos (bridge building).

Su empresa se dedica precisamente a idear fórmulas como la del ejemplo de la farmacéutica. “No basta con hacer una cena de Navidad para que la gente se conozca, porque, en ese caso, también los departamentos tienden a sentarse juntos”, explica. Robert-Ribes ha desarrollado una metodología propia para fomentar el intercambio de ideas entre perfiles de empleados muy diferentes entre sí. En una primera sesión organiza talleres para que los propios trabajadores se den cuenta de la necesidad de relacionarse con quien aparentemente no tiene nada que aportarle desde el punto de vista profesional. “La posibilidad de poder conectar perspectivas acaba con el estancamiento que sufren muchas empresas, ya que facilita el encontrar enfoques de negocio diferentes y el aprovechamiento de nuevas redes de contactos”, apunta.

 

El siguiente paso es provocar las situaciones de encuentro. Y ahí entra en juego la imaginación. Por ejemplo, poner sofás en puntos estratégicos o, como en el caso de la compañía farmacéutica, eliminar máquinas de café. Siempre con el objetivo de que los empleados se sientan tentados a socializar. Charlar en el trabajo ya nunca más estará mal visto.

 

Cinco Días.

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