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Martes, 9 de agosto de 2016

Cadaqués, el pueblo más bonito del mundo.

El aislamiento geográfico que Cadaqués vivió hasta finales del siglo XIX es probablemente uno de los motivos que siguen haciendo de este pueblo del Ampurdán un lugar tan especial y auténtico.

Para Salvador Dalí era "el pueblo más bonito del mundo". Quizá por eso Cadaqués siempre ha atraído y ha sido refugio de artistas e intelectuales, como Marcel Duchamp -que fijó en este lugar tan especial su residencia veraniega-, Federico García Lorca, Pablo Picasso, Joan Miró, Richard Hamilton, Max Ernst, René Magritte o Eugenio D'Ors. Sin embargo, fue Dalí su vecino más ilustre, el que lo puso en el mapa e inmortalizó al pueblo más oriental de la Península Ibérica, en el que el surrealista vivió y creó gran parte de su obra de forma habitual desde 1930 hasta la muerte de su esposa Gala en 1982. Después, jamás regresó.

 

El surrealismo de la Casa-Museo Salvador Dalí

 

Un oso disecado, caballetes, pinturas, fotografías de Dalí y Gala con todo tipo de personalidades mundiales de la época, un sofá labial o los carteles de neumáticos Pirelli son elementos que conviven juntos y también revueltos en la estructura laberíntica que es la Casa-Museo Salvador Dalí. El surrealismo, el pop y el kitsch se dan la mano en la que, en un principio, fue una pequeña casa de pescadores en Portlligat -Dalí fue comprando y anexionando barracas- donde el genio vivió de forma habitual hasta la muerte de Gala en 1982, cuando se mudó al castillo de Púbol. Nunca más volvió a pisarla.

 

El aislamiento geográfico que Cadaqués vivió hasta finales del siglo XIX es probablemente uno de los motivos que siguen haciendo de este pueblo del Ampurdán un lugar tan especial y auténtico. Y es que para llegar a este lugar de la Costa Brava puede hacerlo por dos vías: por barco o por carretera, a donde llegará después de superar unos cuantos kilómetros de curvas. Pero merece la pena el mareo. A pesar de que el turismo ha convertido este pueblo pesquero en su principal fuente de ingresos, Cadaqués aún sigue conservando su virginidad urbanística.

 

Piérdase por las calles de su casco antiguo pintadas de blanco, llenas de flores y con un pavimento fabricado a mano con piedras recogidas al lado del mar conocido como rastrell; visite la iglesia de Santa María o dé un paseo por el paseo marítimo sorteando las olas que rompen en una de las curvas. Y al lado de la estatua de Dalí tómese un respiro y un cóctel en Boia Nit, de Manel Vehí, ganador de la pasada edición del campeonato de coctelería Med Inspirations de Gin Mare. El sueño de visitar Cadaqués se ha cumplido.

 

Expansión.

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