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Jueves, 11 de agosto de 2016

Ruta por los Ibores de camino a Guadalupe.

Guadalupe, anclado en el corazón de la mancomunidad de Villuercas-Ibores-Jara, es uno de los pueblos más conocidos de Extremadura. Una de la razones es el majestuoso Monasterio que atrae a infinidad de peregrinos cada año y que fue declarado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco en 1993.

Cerca de Guadalupe está la comarca de los Ibores, formada por cinco pequeños pueblos que presumen de unos paisajes, gastronomía, cultura y tradición envidiables. Poseen también una variada fauna compuesta por ciervos, jabalíes, zorros y algunos se atreven a decir que linces ibéricos.

 

Pórtico de Agustóbriga.

A orillas del río Tajo se encuentra Bohonal de Ibor y el Pórtico de Agustóbriga, coloquialmente conocido en la zona como "los mármoles". Este es el único templo de curia romano que se conserva en todo el mundo. Las ruinas del santuario construido en el siglo II D.C y asentado sobre una plaza fuerte en el pueblo prerromano de Los Vettones, es uno de los lugares con mayor atractivo para los turistas.

Otra visita interesante en la comarca es las Cuevas de Helechal, más conocidas como las Cuevas de Castañar, situadas en este municipio. Estas son consideradas de gran valor por muchos espeleólogos, pero varios factores -especialmente su fragilidad- dificultan su apertura al público masivo. Aunque se pueden recorrer en visitas guiadas.

 

Navalvillar de Ibor.

Y el pueblo más próximo a Guadalupe esNavalvillar de Ibor, donde destacan productos artesanales como embutidos, miel, bordados, aceite y la denominación de origen del Queso de los Ibores. Además, cuenta con un complejo de casas rurales - chozos-, situados a más de 900 metros de altitud entre sierras y valles que dibujan una escena única en plena naturaleza.

Avanzando por la sierra, llama la atención el Pico de las Villuercas con unos 1.500 metros de altura; en su cima se halla una base militar abandonada que cada invierno se viste de nieve.

 

El Monasterio de Guadalupe, un imán para la zona

Pero sin duda alguna, la joya de la zona es el Monasterio de Guadalupe de estilo gótico, mudéjar, renacentista, barroco y neoclásico. Este, que comenzó construirse en el s. XIII, hizo que Guadalupe se convirtiese en el centro de peregrinación más importante de la península ibérica después de Santiago de Compostela.

El conjunto monacal consta de cuatro partes: el templo-basílica, el edificio del auditorium, el claustro mudéjar y el claustro gótico. El monasterio está flanqueado por ocho torres, entre las que destacan la de Santa Ana y la de Portería. El retablo del altar mayor es de gran belleza y está realizado en madera. Por último, entre los museos del monasterio, cabe citar el Museo de Pintura y Escultura, situado en la antigua repostería del mismo.

 

Expansión.

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