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José Carlos García
Miércoles, 31 de octubre de 2012

Cuando el jefe no sabe decir ‘no’

Amiguismo, miedo a no ser aceptado, dependencia social, no saber imponerse… Varias son las razones por las que un superior accede a todo y sólo sabe contestar ‘sí’.

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Esta actitud puede ser dañina porque deriva en una comunicación sumisa, más carga de trabajo para el equipo e incluso niveles de estrés en el directivo. Un ‘no’ a tiempo evita esfuerzos innecesarios.

“¿Puedo cogerme un par de días de vacaciones?”, pide un miembro del equipo, a pesar de que están hasta arriba de trabajo. “Sí”, responde su jefe. “A partir de ahora se va a encargar también de las funciones financieras”, dice el director de la empresa. “De acuerdo”, contesta el jefe. En un ambiente de trabajo, el hecho de que el superior no se imponga y acepte todo porque sí suele acarrear más problemas que beneficios. Fernando Botella, CEO de Think & Action, expone que “un ‘no’ a tiempo evita realizar esfuerzos innecesarios, permite organizar bien el trabajo, no incurrir en fracasos conocidos y logra mejores resultados desde la colaboración, la confianza y el aprendizaje”.

Los ejemplos citados son pequeñas muestras del día a día de una oficina, y aún por pequeños que sean, pueden enrarecer el ambiente y hacer que trabajar sea un suplicio. “Este tipo de jefe seguramente tiene una pérdida de autoridad que, dependiendo del estilo de compañía, provocará importantes problemas”, opina José Luis Gugel, socio de Ray Human Capital, quien añade que “un exceso de paternalismo o de amiguismo provoca que las personas de alrededor no tengan claro hasta donde llegan sus responsabilidades y crea falta de tensión para alcanzar los objetivos”.

Según este experto, este modo de actuar del superior implica que el equipo no tenga en cuenta su autoridad: si el jefe no se decide o no sabe imponerse, son los mismos colaboradores los que actúan. Respecto al responsable, el no saber decir ‘no’ puede acarrearle estrés y ansiedad. “Esto se debe a que no es capaz de trasladar claramente a su grupo de trabajo sus objetivos y tenga que asumir mayores responsabilidades por falta de delegación”, señala el socio de Ray Human Capital.

Cómo es

Vivian Acosta, socia directora de consultoría de Norman Broadbent, apunta que “suelen ser personas con alta dependencia social. Es decir, su autoestima está muy ligada a lo que los demás piensan de él. Y éste es uno de los motivos por los que les cuesta responder ‘no’: piensan que al decirlo pueden ser percibidas como poco colaboradoras, empáticas, sensibles a las necesidades de los demás”. Y continúa, “perciben que al contestar ‘no’ crean una imagen negativa ante los demás”.

Por su parte, Botella cree que “el jefe que no sabe imponerse no es un líder”. Es decir, carece de capacidad asertiva. Y esto conduce en dos direcciones. Una, hacia la comunicación agresiva, que es la basada en la autoridad por que sí o en el miedo. “Esto es así porque lo digo yo” es una frase recurrente de este tipo de líderes. La otra dirección conduce a la comunicación sumisa: “A ver si le va a molestar o ¿y si le desmotivo?” son cuestiones que se plantea el jefe cuando tiene que comunicar algún asunto.

Acabar con la situación

El hecho de que el jefe comience a decir ‘no’, a imponerse, es un ejercicio de aprendizaje. “Debe hacer terapia interna, es decir, comprobar que un ‘no’ no hace daño, que a su equipo no le pasa nada. El directivo tiene que comprobar que de seguir con esa actitud aumentarían los efectos negativos en su autoestima y en su inseguridad”, explica José Luis Gugel.

Por su parte, Vivian Acosta opina que “muchas veces el aprendizaje exige empezar en el ámbito familiar y social, para pasar luego al entorno laboral”. Y añade que “el ser capaz de decir ‘no’ es algo que cualquier persona debe incorporar en su ADN”. Acosta ofrece una serie de consejos: recurrir a la emoción para ayudar a expresar el punto de vista y decir ‘no’ sin justificarse. “Hay que saber dar una negativa sin recurrir a excusas”, afirma.

Aprender a decir 'no'

En este proceso, tampoco vale aprender a decir no sin más. “Un ‘no’ de ahora puede ser un sí en el futuro, un ‘no’ que no cierre las posibilidades. Por eso, es bueno que la negativa se explique, se justifique”, señala Enrique Alcat, director del programa superior en Gestión Empresarial y Dirección de Comunicación de IE Business School. Según este experto, “el ‘no’ sin más puede suponer desmotivación en los equipos. Por eso, hay que cuidar las formas, los tiempos para que ese ‘no’ no sea frustrante”. Son más importantes las razones que acompañan al ‘no’ que la negativa en sí misma. Además, con su debida explicación es más fácil decir ‘no’ a quién le cueste hacerlo.

Fernando Botella distingue tres tipo de ‘noes’ correctos para la organización, y que el jefe que no sepa negarse a algo deberá empezar a practicar.
No de gala: Es una negativa postergadora, no es rotunda. Equivale a “ahora no, pero más adelante sí, no lo descarto”. Según Botella, este ‘no’ se puede utilizar cuando un colaborador pide un aumento de sueldo, pero se tiene que aplazar, por ejemplo.

No de situación: Esta contestación no deja la puerta la abierta a otro momento. Se dice ‘no’ porque no encaja. El CEO de Think & Action recomienda que se empiece la explicación con “dada la situación actual… ”. “Debe estar bien contextualizado y justificado para que el equipo comprenda y acepte la situación”, dice Botella.

No instructivo: El superior utiliza este ‘no’ para ayudar al colaborador a hacer bien su trabajo, a corregir errores. Equivale al “así no, mejor de esta forma”.

No obstante, el jefe debe entender que, tanto si dice ‘sí’ como si dice ‘no’, tendrá aliados y enemigos. La clave está en explicar la respuesta.
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