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Luis Miguel Garvi
Sábado, 19 de enero de 2013
"cargo", del castigo a la osadía

El "Cargo"

El lenguaje, como la evolución que los humanos le damos a las cosas, cambia el significado de los términos. Parafraseando a Alfonso Guerra.... "a este lenguaje no lo conoce ni la madre que lo parió".

No consigo entender cómo hemos pasado a cambiar el significado de una palabra tan simple por la mera coyuntura de la irrupción de la clase política. Si, esa "casta" que lo inunda todo y todo lo convierte en esa cosa de desagradable aspecto y olor. 

Tiempo ha, y desde siempre, a el común de los mortales la palabra "cargo" era una particular forma de obligar, y en otros lares (haré mención -ahora que tanto se lleva la segregación- a mi segunda patria, La Mancha), el hecho de que mentalmente suponía una hacienda especial o particular que, de una u otra manera, no le permitía apaciguarse o quedarse tranquilo hasta que la encomienda quedaba concluida. Así, decir "tengo un cargo", era -y debería ser-, poseer una carga que se adiciona a la que habitualmente se tiene, o las obligaciones que de cotidiano uno debe acometer.

Por tanto, las adicciones, las obligaciones accesorias, requerían un esfuerzo adicional y "extra", un quehacer que, querido o no, buscado o no, venía a "complicar" la vida de quien esta responsabilidad abrazaba.

Pero, lo que son las cosas, desde hace unos años a esta parte, ese término, en aras a concretar las bondades de quien pueda ostentar el pábulo de la representación institucional del partido político gobernante, de turno, supone la posesión de un título, un poder expreso que confiere respeto, admiración y por supuesto dinero.
Así, quien más, quien menos, a todos esos "cargos" que han labrado su futuro y posición a base de ser, bien fieles seguidores de sus "amos", bien voceros de las consignas partidistas, les consideran seres influyentes, generadores de prebendas y, como no, objetivos para la gestión de una amistad mal entendida.

No está en mi ánimo generar inquietud en el lector, ni en pensamientos ni mucho menos en el sentido físico, mucho más expresivo, pero quiero aquí traer, a esta columna, una parte del discurso de un revolucionario que, con sus palabras, motivó a millones de personas; yo, ni siquiera había nacido, es de un discurso de Malcom X, dado en Cleveland (EEUU) el 3 de abril de 1964, decía "El año en que todos los bribones políticos blancos volverán a meterse en la comunidad de ustedes y la mía con sus falsas promesas, alimentando nuestras esperanzas para luego defraudarles con sus trucos y sus traiciones, con promesas falsas que no tienen intención de cumplir..." [...] "...No soy político, ni siquiera soy estudioso de la política; la verdad es que apenas si soy un estudioso de nada. No soy demócrata, no soy republicano....." .

La cita anterior deja, a las claras, que los de entonces, los políticos, los "cargos" en definitiva, hacían lo mismo que los de ahora; y por supuesto tanto allí como aquí la gente, el normal ciudadano, estamos hasta la manivelas de que el grueso de los "cargos" dejara de ser un trabajo adicional para convertirse en nuestro día a día, en nuestro bolsillo, un cargo más.

¡Lástima que aquí no tengamos ningún Malcom X.!
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