Lo que tienes que saber sobre la fiscalidad de tus finanzas; Renta 2021

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¿Es la fiscalidad lo más importante a la hora de elegir un producto financiero? ¿Me tengo que fijar siempre en cómo tributan? La respuesta es que no: no es prioritario, pero sí es importante. Es decir, aunque la fiscalidad no debería ser el motivo principal para decantarse por un producto de inversión, saber cómo tributa cada producto financiero es vital para definir qué estrategia de inversión es la más adecuada para cada persona.

Los impuestos de cada producto financiero afectan directamente a la rentabilidad final que estos ofrecen. Por ello, para evitar que este rendimiento sea menor, deberíamos llevar a cabo un ejercicio de planificación financiera que parta de nuestra situación personal y de nuestros objetivos, y que tenga en cuenta nuestra situación, nuestra capacidad de ahorro, cuánto gastamos o qué previsiones de ingresos tenemos. Esto nos va a permitir tener una foto global de nuestra situación personal, financiera y patrimonial, en la que tendremos presente, también la parte fiscal.

Los productos  que tributan en la base general, como si fueran rentas del trabajo, son aquellos productos que están relacionados con la jubilación, como los planes de pensiones, los planes de previsión asegurados (PPA), seguros de dependencia y algunos seguros colectivos.

Los productos financieros tributan en el IRPF en la base del ahorro -a un tipo marginal que oscila entre el 19 y el 26%, como rendimientos de capital mobiliario o como ganancias o pérdidas patrimoniales.

Los rendimientos del capital mobiliario (RCM) son las rentas que proceden de elementos patrimoniales, bienes o derechos de naturaleza mobiliaria de los que el contribuyente es titular y que no están afectos a actividades económicas. Aquí entran, entre otros, la venta de bonos y obligaciones o letras del tesoro, los dividendos y cupones o los intereses de los depósitos y cuentas corrientes.

Las ganancias o pérdidas patrimoniales (GPP) son las variaciones en el valor del patrimonio del contribuyente cuando se cambia la composición de este, si la renta no está sujeta a impuesto por otro concepto. Aquí se incluyen la venta de acciones, ETF o de derivados, también la venta de fondos de inversión y sicav y de inmuebles.

En cuanto a las retenciones,  hay que saber que no todas las rentas tienen retención. Hay productos financieros como las letras del tesoro, ETF, derivados y divisas que no están sujetas a retención, mientras que hay otros que tienen dos fuentes de renta -rendimientos explícitos e implícitos- en los que solo la explícita está sujeta a retención -la renta explícita es aquella que hace referencia a los beneficios o intereses que genera un producto financiero cuando se mantiene en cartera-. Es el caso, por ejemplo, de las acciones: el dividendo tiene retención, pero la venta -que sería la renta implícita- no tiene. Y lo mismo sucede con los intereses de las cuentas y depósitos o los cupones de los bonos.

Por otro lado , los productos que solo tienen una fuente de renta, como los fondos de inversión, los seguros de vida, los pagarés de empresa, los bonos cupón cero y los planes de pensiones, siempre tienen retención.

En las retenciones se aplica siempre un tipo impositivo del 19%. La excepción está en los planes de pensiones, en los que la retención se calcula en función de nuestra escala marginal y del importe que hayamos rescatado.

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