Europa se asoma a la revolución del impuesto de sociedades global

El movimiento se venía fraguando desde que se comprobó que la estructura de impuestos a las empresas internacionales no estaba adaptada a la nueva realidad digital, pero la pandemia y el cambio de poderes en la Casa Blanca han acelerado las cosas. Tradicionalmente, para que un país pueda reclamar el pago de impuestos a una compañía, esta ha de tener presencia física permanente en él. Las difusas fronteras de lo digital han hecho saltar por los aires esa concepción. Ahora, en medio de la necesidad de ingresos que atraviesan todas las naciones por el golpe del Covid-19, tanto la OCDE como Estados Unidos y la Unión Europea se han puesto a trabajar en la posibilidad de establecer un tipo mínimo global para el impuesto de sociedades. El objetivo no es otro que evitar que compañías que obtienen sus ingresos en un determinado país se los lleven a otro distinto con el fin de rebajar la factura fiscal.

Hasta el momento, amparados en su soberanía fiscal, algunos países optan por rebajar los impuestos a las empresas con la idea de atraer una mayor riqueza dentro de sus fronteras. Se trata además de uno de los impuestos de más delicada gestión, alerta la Tax Foundation. “Según los resultados de un estudio elaborado por la OCDE, los impuestos sobre las empresas son los más dañinos para el crecimiento económico, mientras que el impuesto sobre las personas físicas o los que gravan el consumo resultan menos perjudiciales. Los impuestos sobre la propiedad inmobiliaria son los que menos impactan”, detalla la organización estadounidense.

En el caso europeo, Irlanda, con un tipo nominal de Sociedades del 12,5%, ha sido el lugar elegido por grandes compañías internacionales como Alphabet, Linkedin, Facebook o Twitter para establecer sus sedes europeas. En España, por ejemplo, el tipo nominal es del 25%. No obstante, Irlanda no es el único país europeo que tiene tipos bajos de sociedades para atraer a grandes empresas. Hungría tiene un tipo nominal del 9% y otras naciones con un tipo más elevado acaban reduciendo la factura final a base de deducciones o exenciones.

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